“Debemos la vida a los bosques y selvas, ya que de éstos se extraen el 60% de las medicinas que necesita el ser humano para combatir las enfermedades, por lo que, al desaparecer trozos de estos ecosistemas, se eliminan las posibilidades para el ser humano.
Recordemos que sembrar un árbol es sembrar vida.”

– Emmanuel Acha

Marzo es un mes dedicado a los bosques y al agua. Pocas personas saben que los bosques y el agua son los principales protagonsitas del desarrollo de la vida en los ecosistemas. En conjunto, bosques y selvas cubren poco más del 30% de la superficie terrestre del país. Geográficaemnte hablando, son los ecosistemas dominantes en México, y aportan enormes beneficios económicos, sociales y, sobre todo, ambientales: son fuente de recursos alimentarios, maderables, combustibles y medicinales. Además, sirven como sitios turísticos y de recreación escénica, y son también importantes para las actividades socioculturales y religiosas de sus habitantes. Nadie pone en duda que los bosques y las selvas proporcionan bienes y servicios que contribuyen directamente al bienestar de la población, y que son vitales para nuestras economías y vida cotidiana. Sin embargo, pocos saben que también proporcionan servicios ambientales fundamentales, como el mantenimiento de las fuentes de agua y la diversidad biológica, la regulación del clima y la captura de carbono.

Los bosques cubren apenas el 6% de la superficie terrestre, pero captan casi el 50% de toda la lluvia del planeta. Esto quiere decir que son el principal motor de mantenimiento para fuentes hídricas. Gracias a ellos, se regula la calidad y la cantidad de agua en los diversos ecosistemas; se minimizan los ciclos de iundación y sequía; se protegen los suelos, se conservan los nutrientes, y se previenen los deslaves. En consecuencia, la deforestación afecta gravemente los distintos ciclos hidrológicos. Entre otras cosas, porque conlleva una drástica disminución en el suministro de agua, pues impide la recarga de los mantos acuíferos y provoca que el agua escape de las cuencas. Este doble fenómeno puede propiciar tanto inundaciones como sequías, agravando la situación de vulnerabilidad ante el cambio climático de nuestro país. En México, el 73% de toda el agua está contaminada y requiere de un tratamiento previo para beberse. La agricultura de riego consume el 78%, pero más de la mitad se desperdicia. Lo cual se torna aún más complejo, tomando en cuenta que el 70% del territorio mexicano es altamente vulnerable a sequías. “Los efectos del cambio climático, combinados con el crecimiento poblacional y el aumento de los patrones de consumo de agua, colocan al país en una clara situación de estrés hídrico”.1

Todo lo anterior es especialmente agudo en la Ciudad de México, en donde el efecto isla de calor se ha intensificado más en los últimos años, a causa de la expansión de la mancha urbana y la pérdida de la cubierta vegetal. Recordemos que, en las ciudades, la superficie está cubierta de materiales más densos, impermeables, y con una capacidad térmica mayor a la cubierta natural. Lo cual provoca un mayor incremento en la temperatura, comparado con zonas rurales circundantes. En palabras de Arnoldo Kramer, director de la oficina de Resiliencia de la Ciudad de México:

“El cambio climático se ha convertido en la amenaza a largo plazo más grande para el futuro de la ciudad. Y esto es porque está vinculado al agua, la salud, la contaminación del aire, la interrupción del tránsito a causa de inundaciones, la vulnerabilidad de la vivienda por derrumbes, lo cual quiere decir que no podemos empezar a atender ninguno de los problemas reales de la ciudad, sin hacer frente a la cuestión climática”.2

Dada la preocupante situación actual del agua en México, los servicios ambientales derivados de los bosques, sobre todo en relación con su capacidad para regular el agua, adquieren tal importancia que se vuelven asunto de seguridad nacional. Frente a este problema, se reconoce que sembrar y mantener árboles y vegetación dentro de la propia ciudad y en sus alrededores, permite disminuir el efecto isla de calor y recuperar el equilibrio de las fuentes hidrológicas.

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[1] Gian Carlo Delgado Ramos, et al., Adaptación y mitigación urbana del cambio climático en México (México, UNAM: 2015), 21.

 

[2] Arnoldo Kramer, citando en Michael Kimmelman, “Ciudad de México, al borde de una crisis por el agua” en The New York Times. Consultado en https://www.nytimes.com/es/interactive/ciudad-de-mexico-al-borde-de-una-crisis-por-el-agua/ (26/03/2018).

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