Dicen que comer es uno de mayores placeres de la vida, variedad de alimentos, sabores, texturas… entran en combinación para el deleite del comensal. A veces un acto mecánico que apenas cuenta con nuestra atención. En cualquier caso, es necesario para la vida, cumple una función fisiológica y social estudiada a lo largo de la historia.

Nuestros hábitos de alimentación tienen un profundo impacto en el medio ambiente y la salud. Lo que ponemos en nuestro plato ha seguido un proceso, desde su estado natural hasta nuestra boca: transformación, envase, transporte, preparación… Y todo ello deja su huella en la naturaleza.

La Organización de las Naciones Unidas nos menciona algunos de los efectos ambientales del sector de la alimentación en la actualidad:

  1. Un 30% de los bosques están sometidos a degradación
  2. El 9% de los recursos de agua del planeta desaparecen por la agricultura de regadío y la industria cárnica
  3. El 30% de los bancos marinos se encuentran en peligro por sobreexplotación
  4. El 30% de los gases de efecto invernadero vienen de la industria alimentaria
  5. El 30% de la energía producida a nivel global proviene del sistema agroalimentario

Estos datos, merece la pena que dediquemos un tiempo a pensar nuestro menú. Con pequeños cambios, podemos sumar esfuerzos para cambiar la situación en beneficio del planeta y de nuestra salud.

  1. Consume productos locales y de temporada: así se reducen emisiones en transporte, se fomenta la economía local y se respeta el ciclo de vida de verduras y animales.
  2. Fíjate en el envase del producto que estás comprando. Algunos productos tienen envases o envolturas innecesarios o no reciclables como el unicel. Igualmente, puedes reducir el uso de plástico llevando tu propia bolsa de tela al supermercado.
  3. Incluye verduras y legumbres en el menú. Según señala la Organización de las Naciones Unidas, los productos de origen animal tienen un mayor impacto ambiental y necesitan más recursos en su producción. Además, este cambio tendrá efectos positivos en nuestra salud.
  4. Minimiza el desperdicio de alimentos. Aproximadamente un tercio de la comida que se produce en el mundo se desperdicia. Esto no sólo supone un desperdicio de los recursos naturales que se han empleado en su producción, también tiene profundas implicaciones sociales. Evitar que se dé esta situación pasa por una mejor planificación, desde la lista de la compra hasta congelar alimentos que no vamos a comer o hacer platillos y salsas con restos de comidas.
  5. Reciclar es una palabra clave que debe acompañar el proceso de la alimentación: separa en tu casa los envases que has utilizado y reutiliza en la medida de lo posible.

Cada una de nuestras acciones tiene un impacto en el medio ambiente. ¡Súmate al cambio!

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